Mostrando las entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas

Horrores cotidianos

21 siseos

Fantasmas, aparecidos, vampiros y muerte son elementos habituales en los relatos de terror, pero como las víboras somos mucho más prácticas que los humanos, propongo una serie de cuentos cortos, muy muy cortos (a ser posible una sola frase) que pongan de manifiesto esas situaciones cotidianas que a todos nos han sucedido alguna vez y que nos hacen sudar, aunque pasado el momento nos hagan sonreir, pero el mal rato no nos lo quita nadie.
Si le añadimos un poco de humor para quitarle hierro a la cosa, mejor. A modo de ejemplo se me ocurren dos:
No es culpa tuya, es que necesito un tiempo para pensar...
¡Joder! ¿Dónde coño guardará esta gente el papel higiénico?

Premio para Las Ruvis

5 siseos

Como lo prometido es deuda, aquí está el pago para Las Ruvis en premio a su constancia.

La luna se reflejaba en su cuerpo acentuando la blancura de su piel. El azul de sus ojos perdido en la inmensidad del cielo estrellado. Su melena extendida formando un manto dorado sobre el verde pálido de la hierba otoñal. Nunca la había visto tan bella.
Besé el dorso de su mano apoyada sobre el pecho y me incorporé para abarcar todo su cuerpo con la mirada. Nunca la había visto tan hermosa.
Mientras me alejaba de ella sentí el impulso de volver a mirarla y fijarme en sus labios finos y morados. Me limpié la sangre en la pechera de la camisa y supe que nunca volvería a verla tan dulce, tan... mía.
Como padeceis un poco de grampusitis, espero que os guste.

Premio para Tamaruca

2 siseos

Este es el premio a Tamaruca por acertar el juego de las adivinanzas, espero que te guste.

Ayer la ví y comprendí que el olvido es un engaño. Mis manos recuerdan su piel, mis labios añoran sus besos, mis ojos sueñan su cuerpo y mi alma aún guarda su mirada.
Durante años ha estado todo sumido en el fondo de una cueva, cubierto con capas de orgullo herido, de rencor por lo perdido y de indiferencia forzada. Pero ha bastado verla para que aquella construcción defensiva de mi mente se viniera abajo y volviese a hablar el corazón.
Ayer la vi y comprendí que la quise con locura. Nuestras miradas se cruzaron y, en el fondo de sus ojos, advertí aquella luz que me cegó años atrás. Pero ninguno nos hemos atrevido a dejar traslucir ningún sentimiento. Ni un saludo, ni un gesto, nada, como dos desconocidos que se descubren durante una fracción de segundo. El tiempo suficiente para que el pasado me hiriese de nuevo.
Ayer la ví y , por primera vez desde que la dejé, pude dormir sin soñar con ella.
P.D. Ruvis, sé que os debo otro.