Fantasmas, aparecidos, vampiros y muerte son elementos habituales en los relatos de terror, pero como las víboras somos mucho más prácticas que los humanos, propongo una serie de cuentos cortos, muy muy cortos (a ser posible una sola frase) que pongan de manifiesto esas situaciones cotidianas que a todos nos han sucedido alguna vez y que nos hacen sudar, aunque pasado el momento nos hagan sonreir, pero el mal rato no nos lo quita nadie.
Si le añadimos un poco de humor para quitarle hierro a la cosa, mejor.
A modo de ejemplo se me ocurren dos:
No es culpa tuya, es que necesito un tiempo para pensar...
¡Joder! ¿Dónde coño guardará esta gente el papel higiénico?
